Celebración de los 366 Años de la Aparición de Nuestra Señora de Coromoto
 

Estimados Hermanos en Cristo Jesús, este 08 de Septiembre del 2018 se cumplen 366 Años de la Aparición de Nuestra Señora de Coromoto en Venezuela y el 11 de Septiembre del presente año se cumplirán 66 Años de su Coronación Canónica.

Recordemos que la Santísima Virgen María de Coromoto se apareció 2 veces y en la segunda Aparición nos dejó su Santa Reliquia que quedó en manos del Cacique de los Tribu de los Cospes Coromoto el 08 de Septiembre de 1652. De acuerdo a la historia narrada de las investigaciones de la Aparición realizada por el Hermano Nectario de María se explica que sucedió así:

     Por la tarde del sábado, 8 de Septiembre de 1652, Juan Sánchez dispuso reunir a los indios que trabajaban en Soropo, para que se reunieran con todos sus compañeros y asistieran a los actos religiosos que se iban a practicar en el caney. El Cacique se negó rotundamente a esta invitación y mientras sus compañeros honraban con humildes preces a la excelsa Reina de los Cielos y Tierra, él con grande enojo y rabia salió precipitadamente para Coromoto. El bohío del Cacique Coromoto tenía una sola y pequeña puerta de entrada, donde a la anochecer del sábado 8 de septiembre de 1652, se hallaban la Cacica, su hermana Isabel y un hijo de esta última, indiecito muy agraciado de doce años de edad, había llegado de Soropo esa misma tarde con el objeto de ver a su madre, pues de ordinario se quedaba con la esposa de Juan Sánchez ayudándola en sus múltiples ocupaciones diarias.

     Cuando menos lo esperaban las dos indias, llegó el Cacique a Coromoto, triste y maltrecho; las mujeres atribuyeron el tedio y descontento que en el notaban a un exceso de ira y ninguna se atrevió a decirle la menor palabra. En este estado de tristeza y melancolía estaba el indio, cuando por un misterio de cariño y amor de la Madre de Dios a un pobre hijo de Adán, bajó a la Choza del Cacique en medio de indivisibles legiones de Ángeles que formaban su cortejo. Había trascurrido tan solo algunos instantes desde la llegada del Cacique cuando de modo visible y corpóreo la Virgen Santísima se presentó al umbral del bohío del Cacique.

     De todo su ser de desprendían rayos de luz que bañaban el estrecho recinto de la choza y eran tan potentes que según declaro la india Isabel, eran como los del Sol cuando está en el medio día y sin embargo no deslumbraban ni cansaban las vista de aquellos felices indígenas que contemplaban tan grande maravilla. Bajo la influencia de estos inesperados resplandores, que cambió las tinieblas de la noche en la claridad del día, el Cacique al instante reconoció a la misma Bella Mujer que meses antes había contemplado sobre las aguas de la plácida corriente de sus montañas y cuyo recuerdo jamás había podido borrar de su memoria.

    Distintas a las del Cacique eran las emociones de las dos indias  y del niño, que rebozando de satisfacción y contento, se deleitaban en contemplar aquella criatura sin igual, alegría de los ángeles, encanto de los elegidos, espejo donde se reflejan las infinitas perfecciones de la Divinidad. El Cacique pensaría probablemente, que la gran Señora venía para reprocharle su mal proceder e impedirle la fuga. Pasaron unos segundos, el Cacique rompió el silencio y dirigiéndose a la Señora le dijo con enojo: - ¿Hasta cuándo me quieres perseguir?  Bien te puedes volver que yo no he de hacer lo que me mandes, por ti deje mis conucos y conveniencias y he venido aquí a pasar trabajo.

    Estas palabras irrespetuosas mortificaron en gran manera a la mujer del Cacique, quien riñó a su marido diciendo: - No hables así con la Bella Mujer, no tengas tan mal corazón. El Cacique montado en cólera y encendido en rabia, no pudo soportar más tiempo la presencia de la Divina Señora, que permanecía en el umbral dirigiéndole mirada tan tierna y cariñosa que era capaz de rendir el corazón más empedernido; desesperado da un salto y coge el arco de la pared y saca una puntiaguda flecha, con la torcida intensión de amenazar con ella a la gran Señora, llegando a su locura hasta decir: - ¡Con matarte me dejas! En este preciso instante la excelsa Señora entró en la choza sonriente y serena se adelantó y se acercó al Cacique, el cual al respeto de tanta majestad, o  porque Virgen lo estrechara de modo que no tuvo lugar para el tiro, rindió las armas y arrojó el arco contra el suelo.

   Con todo se lanza sobre la Soberana Señora para cogerla con las manos y echar a fuera, extiende rápidamente los brazos; pero, al punto, la celestial visión desaparece repentinamente y lóbregas tinieblas siguen a la viva luz que había iluminado el bohío, teatro de tan grandes maravillas; solamente se percibían la pálida luz del fogón que proyectaba la negra silueta del Cacique sobre la pared.

    Las dos indias y el niño sintieron amarga pena por la pésima conducta del Cacique y por la desaparición de la Bella Mujer reprochándole nuevamente a su marido su torpe e inconsiderado proceder para con la soberana Señora. El Cacique, fuera de sí y mudo de terror permaneció largo rato inmóvil con los brazos extendidos y entrelazados en la misma posición en que quedaron cuando hizo el rápido ademan de agarrar a la Virgen. Tenía una mano abierta y la otra cerrada, que apretada cuanto podía pues algo tenía en ella y en su corto sentir creía que era la Bella Mujer a quien había atrapado.

     La india Isabel, sin entender lo que acababa de suceder, dijo a su cuñado: - ¿Sabes lo que ha sucedido? Tembloroso el indio contestó: - Aquí la tengo cogida. Las dos mujeres, profundamente impresionadas y conmovidas añadieron: - Muéstranosla para verla. El Cacique se acercó, alargó la mano la abrió y los cuatro indígenas reconocieron ser aquella una imagen y creyeron que era la de la Bella Mujer. Al abrir el Cacique la mano, la diminuta imagen despide rayos luminosos que producen gran resplandor y que creen los indios que es el fuego natural que la gran Señora lanza contra ellos. Sudor frío fluye del cuerpo del indio, con el mismo enojo y rabia de antes, envuelve la milagrosa imagen en una hoja y la esconde en la paja del techo de su casa diciendo: - Ahí te he de quemar para que me dejes.
  

Luego de la Segunda Aparición la historia narra que el Cacique Coromoto al ser mordido mortalmente por una serpiente pide perdón a Dios y a la Santísima Virgen por su mala actitud y pide ser bautizado, de la siguiente manera:

   Entre tanto, en la tarde del mismo 9 de Septiembre de 1652, el Cacique, con todos los indios que logró convencer, salieron de Coromoto para regresar a sus selvas de origen. El Cacique iba delante del grupo. Estaba anocheciendo y el paraje estaba muy sombreado debido a la profusión de árboles. Sin darse cuenta, piso una serpiente venenosa que, como un relámpago, le clavó los colmillos en la pierna inyectándole el veneno. Hubo una gran consternación en el grupo, pues los indios sabían, que por el tipo de veneno, el color de la herida y los orificios de la mordedura, ésta era mortal. Resolvieron llevarlo al camino ya moribundo. Éste viendo cercana la muerte, es probable que pensará en todo lo ocurrido recientemente, en la Bella Señora, en su amor y en su promesa, que si se bautizaba iría al cielo; porque comenzó a dar grandes voces con desesperación, solicitando el bautismo. A esa hora, pasó por allí un mestizo criollo de Barinas, que indagando la causa de la reunión de los indios y hablando con el Cacique, cumplió sus deseos y lo bautizó de emergencia.

     El Cacique, ya más tranquilo, le dió sus últimas recomendaciones a sus compañeros, les habló de su arrepentimiento y los exhortó a regresar donde los blancos, lo cual cumplieron.

     En los meses siguientes la fama de la Virgen  se fue difundiendo y creciendo en la gente de la región; hasta que un buen día, el primero de Febrero de 1654 se presentó el Vicario Presbítero Don Diego de Lozano - el mismo que no había creído la historia de Juan Sánchez en 1652 - ,  quien sacó la estampa en procesión, con mucha devoción y majestad, desde la hacienda de Juan Sánchez a la Iglesia de Guanare. Ya el pueblo la conocía como la Virgen de Coromoto y muchos años después sería elegida como Patrona de Venezuela.

Tiempo después en 1942 el Episcopado Venezolano decretó y proclamó a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona oficial de Venezuela.

En 1944 el mismo Pío XII confirmó, constituyó y declaró a la Santisíma Virgen de Cormoto, Celeste y Principal Patrona de Venezuela.

El 14 de mayo de 1949, la iglesia de Guanare fue elevada a Basílica Menor por su Santidad Pío XII. En ella se custodiaba la Reliquia dejada por la Virgen en la Mano del indio Coromoto.

A los 300 años de su aparición, el 11 de Septiembre de 1952, fue coronada su Sagrada imagen por el Cardenal Manuel Arteaga Betancourt.

La Santa Reliquia de Nuestra Señora de Coromoto que mide 2 cm de ancho por 2,5 cm de alto, se encuentra en la Basilica Menor Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto en Guanare para su veneración. En Marzo del 2009 un Equipo interdisciplinario con aprobación de la Conferencia Episcopal Venezolana le realizó un Tratamento de Conservación a la Santa Reliquia, en el cual se detectaron muchos hallazgos antes no vistos, entre los cuales se destacan los siguientes: Se comprobó la autenticidad de la Reliquia Divina como prodigio de Dios, se encontraron hallazgos sorprendentes: presencia de varios símbolos indígenas, la Corona de la Virgen y el Niño son típicamente indígenas. Los ojos de la Virgen que miden menos de 1 milímetro, tienen presencia de iris y al observar en profundidad el ojo izquierdo, tiene características de un ojo humano, se diferencia con claridad el orbe ocular, el conducto lacrimal, el iris y un pequeño punto de luz donde se pudo observar una figura humana con características especiales, hasta ahora se pensaba que los ojos de la Virgen eran unos simples puntos

En palabras de Monseñor José Sotero Ruz V Obispo de la Diocesis de Guanare, en la Carta Pastoral con motivo del Tratamiento de Conservación realizado a la Santa Reliquia en Marzo del 2009, explica que: "Estamos ante un acontecimiento portentoso y de trascendencia especial en la historia religiosa y Mariana de Venezuela y del mundo entero. Con esta restauración realizada este año podemos afirmar ante el mundo entero que de las manifestaciones de la Virgen María un signo autentico y legítimo de su intervención es la Santa Reliquia ahora recuperada y preservada debidamente. Hay dos reliquias de la Virgen autentica y originales, la de Guadalupe en México y la de Coromoto en Guanare". También agregó que: "Unidos en la fe y en el amor a la Virgen de Coromoto, como Iglesia Diocesana vibremos de gozo mariano unidos a todos los venezolanos que de nuevo vuelven la mirada hacia Guanare, se encuentran con la Bella Señora y en esta hora de esperanza y de presencia de Dios con su pueblo canta como lo dice el Eclesiastés: “¿Quién es Ésta que va subiendo cual aurora naciente, brillante como el sol, terrible como un ejército formada en batalla?”. "Es María de Coromoto que en el centro de nuestra historia venezolana, aparece de nuevo, cercana, criolla, vestida de indígena, y nos pide que volvamos a las raíces de nuestra fe cristiana católica para renovar a Venezuela".

Demos gracias a Dios y a la Santisima Virgen María de Coromoto por esta Aparición y oremos a Nuestra Señora de Coromoto por Venezuela con la siguiente jaculatoria: "Virgen de Coromoto Patrona de Venezuela Renovad la Fe en toda la Extensión de Nuestra Patria", Amén.